
Fue cruel cuando ese día me di la vuelta y no vi a nadie a mi alrededor. Aquellos que se llamaron mis amigos me habían abandonado. Uno de ellos, el peor, se atrevió a quedarse a mi lado un rato más. Yo en mi desesperación le rogué que no me dejara. ¡Qué gran error! de pronto sacó sus más valiosos argumentos y respuestas que "todo lo solucionaban". Su lengua y gestos fueron como espinas que se estrellaban contra mi alma. Me señaló, me atacó...me hirió. Dijo que me comprendia, fingió que me entendia, pero ¿Cómo? ¡Si yo misma no podía comprenderme! Entonces me fue dolor su compañia y más sangré pues aquellos a quienes amaba me lastimaban con sus palabras.

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